Tutoriales

Cómo comparar procesadores AMD e Intel

La importancia de la arquitectura y la fabricación de un procesador

Hoy os enseñaremos a cómo comparar procesadores AMD e Intel. Y es que dentro de la feroz competición que hay en el mercado de los procesadores de sobremesa actuales, las comparativas y análisis de terceros son una de las mejoras herramientas que tienen los usuarios para ayudarles a tomar la decisión más acertada.

Sin embargo, nada está escrito en piedra en el mercado de los procesadores; dentro de esta decisión del usuario, la validez de cada valoración cuando saltamos entre diferentes arquitecturas, generaciones, tecnologías, o procesos de fabricación cambia enormemente, y puede afectar seriamente a cada comparativa y las conclusiones derivadas de ella.

Cómo comparar procesadores AMD e Intel

La necesidad de comparar procesadores AMD e Intel

A pesar de lo expuesto, la necesidad de comparar estos productos por parte de los usuarios persiste. El procesador es una de las partes integrales de un ordenador y define qué uso tendrá.

De este modo, los intereses de un usuario que quiera un PC para ofimática no serán los mismos que él de uno que quiera un equipo en el que crear y editar contenido, y en ambos el procesador es una pieza integral.

Además, es un componente relativamente caro (dependiendo de su gama), un hecho que dificulta la elección del que podría ser “nuestro procesador ideal” por el temor a tomar una mala decisión.

Las dificultades de esta tarea

La forma más habitual de realizar este tipo de comparaciones, así como la usada por los compradores automáticos de tiendas virtuales y otras webs, es enfrentar los números brutos de cada procesador uno frente al otro.

Aunque este método es viable para ver dentro de una misma serie y arquitectura cual es el mejor modelo, en el momento en el que empezamos a mezclar estos factores es cuándo comienzan los problemas.

Por qué no podemos comparar números brutos

Actualmente, casi todos los procesadores de sobremesa son procesadores x86, todos provienen de uno de los dos grandes fabricantes (Intel o AMD), y todos los números que los definen las mismas características: un número de núcleos determinado, frecuencias específicas, consumo concreto, etc.

Sin embargo, el modo al que llegan a estos números y qué significan para el uso normal depende casi íntegramente de la arquitectura del procesador y el proceso de fabricación, y ambas compañías involucradas en el desarrollo y fabricación de los procesadores hacen uso de una arquitectura y métodos propios.

La arquitectura es la verdadera identidad de un procesador

Se tiende a pensar que factores como la frecuencia, o los núcleos determinan la velocidad de un procesador, y aunque técnicamente esto es cierto, es la arquitectura quien tiene la última palabra.

La arquitectura define el diseño interior de un procesador, como se comunican los diferentes bloques encargados de otorgarle a este sus funciones, así como sobre qué instrucciones son capaces de interpretar y trabajar este componente.

Interior del DIE de un Ryzen 3 1200. La “huella dactilar” de este procesador. Imagen: Wikimedia Commons.

Con cada cambio de arquitectura (u optimización de la misma), los procesadores cambian este diseño interior, abriendo paso tanto a nuevos conjuntos de instrucciones, como a modos más eficientes de trabajar con estos; todo ello aumenta la velocidad a la que esta pieza es capaz de realizar ciertas operaciones de un modo más influyente del que lo tendría un simple aumento de la frecuencia a la que opera el procesador.

Esto quiere decir que, por ejemplo, porque un Core 2 Q6600 opere a una frecuencia de 3.8 GHz, no va a ser más rápido a la hora de realizar un cálculo concreto “X” que un R3 1300X a 3.5 GHz, ya que el segundo posiblemente sea más eficiente a la hora de realizar esta tarea. Esta capacidad suele definirse a través del IPC (o instrucciones por ciclo), una forma común de referirse al rendimiento de un procesador.

El proceso de fabricación y la importancia del consumo

Y haber escrito sobre las frecuencias nos lleva a la influencia del proceso de fabricación en el rendimiento de un procesador.

Cuando decimos que un procesador opera a cierta frecuencia, hablamos del número de veces se completa un ciclo del reloj interno del procesador, siendo este reloj el encargado de definir el ritmo al que un procesador realiza cada tarea.

Varios procesadores ejecutando una conocida prueba sintética a diferentes frecuencias. A mayor el número mejor.

El aumento desmedido de esta frecuencia es un modo de hacer que un procesador opere más rápido que otro de características similares, pero esto se hace a expensas de consumo, llegando con el los problemas de temperatura y voltaje.

Sin embargo, como el procesador es una pieza física, si se reduce el tamaño de los elementos encargados de su propio funcionamiento se da pie a, o bien aumentar el número de dichos elementos (arquitecturas más complejas en un espacio menor), o a reducir el consumo al mermar también el espacio físico.

Por esta razón, procesadores pertenecientes a una misma micro-arquitectura fabricados a diferentes procesos podrán ser capaces de alcanzar frecuencias máximas diferentes (aunque entren más factores en juego). Un ejemplo claro lo tenemos dentro de los procesadores Intel de las generaciones impares, que suelen corresponder a revisiones de la anterior iteración con procesos de fabricación mejorados, lo que los lleva a operar en mayores frecuencias o, simplemente, consumir menos.

Entonces, ¿Cómo comparar procesadores AMD e Intel?

Tomando como ejemplo el análisis del Ryzen 5 3600, se realizaron una serie de pruebas sintéticas junto a test preparados y pruebas en juegos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como podréis comprobar tras leer todo el texto, comparar procesadores a partir de sus números de forma totalmente objetiva y directa no es posible. El mejor modo de realizar este tipo de comparaciones es exponer a estos procesadores a una serie de pruebas estandarizadas, que sean capaces de representar un escenario de uso real.

Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en los análisis que realizamos en esta misma página, donde comparamos y valoramos procesadores con diferentes arquitecturas y características bajo un mismo juicio. Este debe ser diversificado y realista, por esta razón realizamos tanto pruebas sintéticas (Cinebench R20, por ejemplo), como reales (pruebas en juegos o programas), prácticas muy extendidas dentro de nuestro medio, que aseguran la imparcialidad de los números.

Te recomendamos la lectura de los mejores procesadores del mercado

Por desgracia, no todo es perfecto. Simular escenarios de uso reales implica modificar estos parámetros conforme cambian también las aplicaciones y programas usados por los usuarios día a día, por lo que las comparativas sólo tienen sentido durante un espectro no definido, pero es lo más cerca que podemos llegar a una comparativa ideal.

Aunque queremos llegar a un poco más y poner una pequeña lista de procesadores

  • AMD APU: no tienen rivales con Intel actualmente
  • Intel Core i3 9100F lucha contra un Ryzen 3 3200G (sin contar la GPU)
  • Intel Core i5 9400f lucha contra un AMD Ryzen 5 3600
  • Intel Core i7 9700k lucha contra un AMD Ryen 7 3700X
  • Intel Core i9 9900k lucha contra un AMD Ryzen 9 3900X
  • Intel Core i9 9900x lucha contra un AMD Threadripper 2950X

Con esto terminamos nuestro artículo cómo comparar procesadores AMD e Intel. ¿Te ha parecido interesante?

Manuel Buzón

Fan absoluto de todo lo que consista en pasar páginas, mirar pantallas o pulsar botones. Mi interés por trastear con cacharros no tiene cura, pero escribir me sirve de terapia.
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