Michael Smith, un hombre de Carolina del Norte, se ha declarado culpable ante la justicia estadounidense de haber orquestado un fraude de streaming musical a gran escala. El esquema consistía en generar cientos de miles de canciones mediante herramientas de inteligencia artificial. Luego, todo ese derroche de «creatividad» era reproducido de forma masiva usando redes de cuentas bot. Esto servía para acumular escuchas artificiales y cobrar los royalties correspondientes.
Según el comunicado del fiscal para el distrito sur de Nueva York, Jay Clayton, los temas fueron reproducidos miles de millones de veces por cuentas falsas. Eso permitió a Smith recaudar más de 8 millones de dólares en regalías. La acusación resume el caso con una frase que condensa bien la naturaleza del delito: las canciones y los oyentes eran falsos, pero el dinero robado era real.
Smith se ha declarado culpable de un cargo de conspiración para cometer fraude electrónico. La sentencia está prevista para julio y el delito conlleva una pena máxima de cinco años de prisión. Además, ha acordado la confiscación de los más de 8 millones obtenidos de forma fraudulenta.
Cómo funcionaba el fraude: IA para crear canciones, bots para escuchar
El mecanismo era relativamente sencillo. Las plataformas de streaming pagan royalties en función del número de reproducciones. Al automatizar tanto la creación del contenido como las escuchas, Smith logró que pequeñas cantidades por reproducción se acumulasen hasta alcanzar cifras millonarias. Las plataformas afectadas no han sido identificadas de forma oficial en el comunicado de la fiscalía.
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El caso ilustra una de las consecuencias inesperadas de la democratización de las herramientas de generación de audio con IA. Ahora, existe la posibilidad de producir contenido musical en volúmenes industriales sin apenas coste. Obviamente, esto abre la puerta a nuevas formas de explotación de los sistemas de monetización digital.