ASML y Tata Electronics han firmado un memorando de entendimiento para llevar equipos de litografía a la futura fábrica de Dholera, en Gujarat, India. Es una planta de 300 milímetros que se presenta como la primera instalación comercial front-end del país. El proyecto cuenta con una inversión total de 11.000 millones de dólares y aspira a convertirse en una pieza clave dentro de la política india para reducir su dependencia exterior en chips.
El acuerdo se firmó durante la visita del primer ministro Narendra Modi a Países Bajos y no se limita al suministro de maquinaria. También incluye apoyo en talento, cadena de suministro y despliegue industrial. Este es un detalle importante porque la India no parte de una posición consolidada en fabricación avanzada de obleas. En este caso, el socio tecnológico de proceso será PSMC, la taiwanesa Powerchip Semiconductor Manufacturing Corporation, que aportará licencia para nodos de 28, 40, 55, 90 y 110 nm. También proporcionará asistencia en diseño y construcción.
La planta quiere llegar a 50.000 obleas mensuales a plena capacidad. La idea es fabricar chips destinados a gestión de energía, controladores de pantalla, microcontroladores y lógica para sectores como automoción, móviles, inteligencia artificial y comunicaciones. Es una combinación bastante lógica para un país que busca construir músculo industrial antes de aspirar a procesos mucho más avanzados.
La presencia de ASML en Dholera ayudará a la India a tener su primera fundición comercial
El respaldo público es determinante en esta operación. El Gobierno indio cubrirá el 50 % de los costes elegibles a través de la India Semiconductor Mission, mientras que el estado de Gujarat añade incentivos como suelo subvencionado, rebajas energéticas y exenciones fiscales. Además, Dholera fue declarada Zona Económica Especial en abril de 2026. Sin ese apoyo, una inversión de este tamaño sería mucho más difícil de justificar en un mercado que todavía está construyendo su ecosistema.
El proyecto no ha estado exento de complicaciones. Las obras tuvieron que rediseñarse a finales del año pasado después de detectar que el terreno era demasiado blando y salino para el planteamiento inicial. Aun así, los promotores sostienen que ese ajuste no debería alterar el calendario general y mantienen como objetivo el inicio de producción de prueba durante este mismo año. Si se cumple, India empezará a moverse por fin en una fase que hasta ahora solo veía desde fuera.
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La relevancia de esta noticia va más allá de una sola fábrica. India todavía no tiene capacidad comercial front-end propia y Dholera es, hoy por hoy, su gran apuesta para entrar de verdad en la fabricación de chips. Queda mucho para medir su impacto real, pero la presencia de ASML, el apoyo de PSMC y la financiación pública muestran que el país quiere dejar de ser solo un mercado y empezar a tener peso en la cadena global del semiconductor.