Microsoft ha vuelto a mover la fecha límite para obligar a las empresas a pasarse al nuevo Outlook. Según ha revelado Windows Latest, la compañía ha pospuesto un año la fase de migración forzosa, que pasará de abril de 2026 a marzo de 2027. El movimiento es revelador. A un mes de la fecha prevista, Microsoft reconoce de forma indirecta que el producto no está lo suficientemente maduro como para imponerse en entornos corporativos sin provocar una oleada masiva de rechazos.
No es la primera vez que ocurre algo así. Microsoft tiene un patrón bien establecido con sus transiciones más polémicas: anuncia una fecha de corte, las empresas empujan en sentido contrario y la compañía acaba cediendo plazos. El nuevo Outlook ya acumula varios retrasos desde que se anunció como sustituto del cliente clásico Win32, un programa más rápido, nativo y con más funciones que su reemplazo basado en tecnología web.
Las empresas no están convencidas, y Microsoft lo sabe
El Outlook clásico seguirá teniendo soporte hasta abril de 2029, lo que da a las organizaciones margen para resistirse a la transición durante tres años más. Entre los motivos más habituales para no querer migrar está el soporte incompleto de los archivos .pst, un formato de almacenamiento de correo ampliamente utilizado en entornos corporativos que el nuevo cliente solo gestiona de forma parcial.
Para los administradores de sistemas que quieran evitar la migración automática cuando llegue 2027, Microsoft ha documentado una vía de escape a través del registro de Windows: crear la clave NewOutlookMigrationUserSetting con valor 0. Se debe hacer en la siguiente ruta:
- HKEY_CURRENT_USER\Software\Policies\Microsoft\office\16.0\outlook\preferences
La compañía ha declarado que el nuevo Outlook está experimentando una adopción «sólida y acelerada» entre las organizaciones. Sin embargo, el hecho de ampliar el plazo un año entero, justo cuando la fecha límite estaba a la vuelta de la esquina, cuenta una historia diferente. Los usuarios de consumo ya fueron migrados a la fuerza con el cierre de las apps de Correo y Calendario. Con las empresas, Microsoft sabe que tiene menos margen para imponer cambios sin consecuencias.
