Según reportes, un rastreador web vinculado a Roblox descargó unos 145 GB de información de la plataforma de Open3DLab.
Roblox descarga 145 GB de Open3DLab sin su consentimiento
Imagina que estás navegando por Internet y de repente descubres que un gigante de los videojuegos absorbió gigabytes y gigabytes de tus archivos personales sin permiso. Eso es justamente lo que acaba de denunciar la comunidad de modelado 3D Open3DLab.
El problema principal no es solo la cantidad de datos, sino la forma en que lo hicieron. El bot ignoró por completo las reglas básicas del sitio, pasó por alto las restricciones que prohíben el rastreo automatizado y pasó por encima de las licencias de los creadores que prohíben el uso comercial. Todo apunta a que este enorme volumen de información se usó para entrenar modelos de inteligencia artificial en 3D.
Lo más llamativo y delicado del caso es lo que terminó en la mezcla. Entre los más de mil archivos descargados de cientos de proyectos, una buena parte provenía de los sitios hermanos de Open3DLab dedicados a contenido para adultos. Teniendo en cuenta que Roblox es una plataforma utilizada por millones de menores de edad, que su sistema haya aspirado material de esta clase sin ningún tipo de filtro previo deja en evidencia una falta de control preocupante.
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Los responsables del rastreo utilizaron una dirección de Amazon AWS y dejaron pistas claras en su código que apuntaban directamente a investigaciones de modelos generativos de Roblox. Aunque desde la plataforma de juegos todavía no dieron explicaciones oficiales, los registros muestran que los intentos de descarga continuaron incluso después de que los bloquearan en repetidas ocasiones.
Esta historia pone otra vez sobre la mesa el eterno debate sobre cómo las grandes empresas tecnológicas obtienen los datos necesarios para alimentar sus sistemas de inteligencia artificial. Muchas veces pasan por alto las reglas éticas y legales con tal de conseguir material fresco rápidamente. Al final, los creadores independientes quedan expuestos a que sus obras terminen en bases de datos de la IA sin su consentimiento ni compensación alguna, como pasa ahora mismo con un sinfín de creadores de contenido en Internet donde su contenido ha servido para alimentar la IA.