La administración de Donald Trump estaría recuperando los planes para limitar el uso de modelos chinos de IA en Estados Unidos. El debate ha vuelto a ganar fuerza tras el lanzamiento de Kimi K3, el nuevo modelo de Moonshot AI. Su llegada refuerza una tendencia que preocupa cada vez más en Washington. Las empresas estadounidenses están adoptando modelos chinos porque son más baratos, ofrecen un rendimiento competitivo y, en muchos casos, pueden descargarse para ejecutarlos en servidores propios.
Según la información publicada por Axios, el Departamento de Comercio ya estudió el año pasado incluir a varios laboratorios chinos en la Entity List. Esa medida dificultaría su acceso a hardware, software y tecnología de origen estadounidense. También se llegó a valorar una advertencia conjunta sobre los riesgos de seguridad de estas plataformas. Además, la Casa Blanca analizó la posibilidad de obligar a las empresas a asumir responsabilidades si alojaban modelos chinos y sufrían una brecha.
Aquellas propuestas no siguieron adelante por el temor a frenar la competencia. Sin embargo, el equilibrio interno habría cambiado. Algunas voces más partidarias de mantener abierto el mercado han perdido influencia, mientras que los sectores centrados en seguridad nacional han ganado peso. De hecho, el avance de Kimi K3 ha reactivado la presión. El modelo se suma a propuestas como DeepSeek, que ya habían demostrado que China podía competir en capacidad y precio con laboratorios estadounidenses.
Los modelos abiertos chinos son baratos, potentes y muy difíciles de bloquear por parte de Estados Unidos
El gran problema para Washington es que una prohibición directa sería complicada de aplicar. Kimi K3 y otros modelos similares publican sus pesos, por lo que pueden descargarse desde repositorios públicos y ejecutarse sin conexión. Una empresa puede alojarlos dentro de su propia infraestructura y mantener los datos bajo control. Eso reduce la dependencia de una API externa y, además, puede abaratar mucho los costes cuando el uso es intenso.
La diferencia de precio también explica su crecimiento. Los modelos chinos suelen cobrar bastante menos por cada millón de tokens que sus rivales occidentales. Algunas compañías estadounidenses ya los usan en producción para reducir gasto. Al mismo tiempo, la ejecución local desplaza el coste hacia GPUs, energía, redes y mantenimiento. Por eso, son especialmente atractivos para empresas con cargas constantes y con infraestructura propia.
Ante esa dificultad técnica, Estados Unidos podría optar por medidas indirectas. Entre ellas aparecen reglas de contratación pública, amenazas de inclusión en listas comerciales y campañas que destaquen posibles puertas traseras. También se estudia presionar a empresas estadounidenses que usen estos modelos. Es decir, la estrategia podría buscar que las compañías abandonen por sí mismas estas herramientas, sin necesidad de una prohibición total difícil de vigilar.
Te interesa 👉 Las mejores tarjetas gráficas para inteligencia artificial y gaming
Claro, una restricción amplia podría favorecer a OpenAI y Anthropic, que ya concentran buena parte de los ingresos del mercado estadounidense. Sus críticos temen que el discurso de seguridad termine reduciendo la competencia. Por ahora, no existe una decisión definitiva. Sin embargo, el éxito de Kimi K3 ha dejado claro que los modelos chinos ya no son una alternativa menor. Se han convertido en una pieza central de la carrera global por la inteligencia artificial.