El gobierno de Taiwán ha rechazado de manera tajante la propuesta de Washington de mover el 50 % de su producción de semiconductores hacia suelo estadounidense.
Taiwán rechaza la propuesta de Estados Unidos sobre la producción de chips
Durante una rueda de prensa este 1 de octubre, el viceprimer ministro Cheng Li-chun aseguró que su país no aceptará la condición planteada por el secretario de Comercio de EE. UU., Howard Lutnick, que pedía dividir a partes iguales la producción de chips destinados al mercado norteamericano (según Bloomberg).
“Este asunto no se discutió en esta ronda de negociaciones y no vamos a aceptar tal condición”, afirmó Cheng. En cambio, desde Taipei (capital de Taiwán) se busca que las conversaciones se centren en lograr exenciones a los aranceles de la Sección 232, que podrían encarecer de forma drástica sus exportaciones.
Como ya hemos comentado en anteriores ocasiones, la administración de Donald Trump estudia imponer aranceles del 200% o incluso del 300% a la importación de semiconductores, lo que golpearía directamente a Taiwán, que obtiene más del 70% de sus ingresos por exportaciones de esta industria.
Aunque Estados Unidos ya aplica un 20% de aranceles recíprocos sobre algunos bienes taiwaneses, los chips han quedado fuera de momento, a la espera de que concluya la investigación de la Casa Blanca sobre riesgos para la seguridad nacional. Washington insiste en que resulta insostenible depender de que la mayoría de sus semiconductores provengan de “una isla a apenas 80 millas de China continental”. Por eso presiona para que más producción se traslade dentro de sus fronteras.
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Taiwán, por su parte, utiliza su posición dominante en la fabricación de chips avanzados como un auténtico “escudo de silicio”. Ceder la mitad de su capacidad a EE. UU. debilitaría esa ventaja estratégica frente a China, al reducir la dependencia internacional de la isla, lo que podría supone un golpe muy importante para el país.
Además de mantener su rol clave en la cadena de suministro, el país asiático busca asegurar un mejor acuerdo arancelario y una relación económica más profunda con Washington. Sin embargo, el pulso sobre los chips refleja que ambos aliados tienen intereses difíciles de conciliar.

