Steam Machine ya tiene precio oficial y la reacción de varios analistas del sector ha sido doble. Por un lado, el equipo resulta caro para el gran público. Por otro lado, algunos expertos admiten que esperaban una cifra incluso peor visto el momento que vive la industria del hardware. En Europa, la Valve Steam Machine tiene un precio desde 1.039 euros, una barrera que la coloca muy lejos de la expectativa inicial de 700 a 800 euros que había circulado meses atrás.
La lectura que hacen varios analistas consultados por GamesIndustry coincide con lo que dice la marca. Valve no parece haber fijado un precio de marketing, sino uno muy alineado con el coste real de los componentes y al margen mínimo que está dispuesta a aceptar. Ahí está una de las diferencias clave frente a una consola tradicional. Como ya te explicamos, la Steam Machine no quiere venderse como hardware subvencionado para recuperar dinero luego con suscripciones, exclusivos o servicios cerrados. Valve insiste en que esto sigue siendo un PC compacto para el salón, con SteamOS, pero sin las lógicas clásicas del negocio de consola.
Eso ayuda a explicar por qué algunos expertos consideran que el precio es duro, pero no fuera de mercado para un mini PC con este enfoque. El problema llega cuando esa cifra se usa como referencia indirecta para lo que podría venir después en consolas. Ahí es donde varios analistas ven una señal inquietante. La presión sobre memoria, almacenamiento y componentes sigue muy alta, y eso amenaza con empujar al alza el suelo de precios de la próxima generación.
Joost Van Dreunen ha sido el más tajante al plantear que más de 1.000 dólares podría acabar siendo el nuevo suelo para algunos sistemas de nueva generación. Otros expertos son algo menos rotundos, pero también coinciden en que el punto de partida subirá. La diferencia es que Sony y Microsoft tienen más escala que Valve, mejores acuerdos en la cadena de suministro y más herramientas para absorber parte del golpe. Aun así, el margen para contener precios parece cada vez más estrecho.
En el caso de Xbox, además, el debate encaja con una estrategia que ya lleva tiempo girando. Project Helix y la futura consola de Microsoft apuntan a un modelo distinto, más cercano al PC y menos dependiente del esquema clásico de subsidio. Si esa dirección se confirma, Steam Machine podría servir como anticipo de una conversación que el sector aún no quería tener del todo abierta.
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Al final, Steam Machine no solo estrena un producto caro. También deja una referencia muy incómoda para el resto del mercado. Si un PC compacto de Valve ya ha cruzado con normalidad la barrera de los 1.000 euros, la gran duda es hasta dónde podrán aguantar Sony y Microsoft antes de admitir que la próxima generación será, sencillamente, mucho más cara que la actual.
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