La actualización de seguridad de abril para Windows 11, identificada como KB5083769, está provocando problemas de arranque en algunos equipos al forzar la entrada en la pantalla de recuperación de BitLocker tras reiniciar. Microsoft ya ha reconocido el fallo y sostiene que no se trata de un problema generalizado, pero el incidente vuelve a poner el foco en una tendencia bastante preocupante. Y es que los parches mensuales siguen llegando con errores que afectan a funciones críticas del sistema.
Según la explicación oficial, el fallo aparece en equipos con una configuración concreta de BitLocker que Microsoft considera “no recomendada”. En esos casos, el sistema pide la clave de recuperación en el primer reinicio tras instalar la actualización, impidiendo acceder al escritorio hasta introducir esa credencial. El comportamiento estaría ligado a la política “Configure TPM platform validation profile for native UEFI firmware configurations”, con PCR7 incluido, junto a una combinación específica de Secure Boot y del gestor de arranque firmado en 2023.
La compañía insiste en que la incidencia afecta a un número reducido de dispositivos y que, una vez introducida la clave, los siguientes reinicios deberían completarse con normalidad. Aun así, para el usuario que se encuentra con el equipo bloqueado tras un parche rutinario, el matiz importa poco: el efecto práctico es que el PC puede quedar inaccesible hasta localizar la clave de BitLocker en la cuenta de Microsoft o en el sistema de gestión corporativo correspondiente.
La solución pasa por dos caminos. El primero, para quien ya ha caído en la pantalla de recuperación, es introducir la clave correcta una sola vez. El segundo, más preventivo, consiste en deshacer esa política en el Editor de directivas de grupo, forzar la actualización con gpupdate y suspender y reactivar BitLocker antes de instalar el parche. En entornos empresariales, Microsoft también ofrece la opción de aplicar un Known Issue Rollback si no se puede usar la política local.
Más allá del arreglo, el incidente alimenta una percepción que cada vez más usuarios tenemos. Considero que Windows 11 mejora en muchas áreas, pero el proceso de actualización sigue generando demasiados sobresaltos a los usuarios. Y cuando el problema toca cifrado, arranque o acceso al sistema, la tolerancia del usuario se reduce al mínimo.
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Microsoft ha dejado claro que no estamos ante una avería masiva, pero el caso vuelve a demostrar que incluso un parche de seguridad aparentemente rutinario puede desencadenar problemas serios en configuraciones específicas. Para quienes usan BitLocker, el consejo práctico vuelve a ser el de siempre: tener localizada la clave de recuperación antes de instalar cualquier actualización importante.
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