Según las últimas informaciones, la familia Core Ultra 4000, conocida bajo el nombre en clave Nova Lake-S, introducirá un mecanismo de control térmico bastante particular, con un límite estricto de reloj de 5.1 GHz cuando la temperatura del chip supere los 90 °C.
Esta medida funciona de manera independiente al tradicional TJMax (que suele rondar los 100 °C y activa el thermal throttling). De acuerdo con la información filtrada, este umbral de los 90 °C no se podrá modificar ni elevar de forma manual. Esto significa que los modelos de gama alta, diseñados para operar habitualmente por encima de los 5.1 GHz en condiciones óptimas, se verán obligados a reducir su velocidad si la temperatura interna cruza esa barrera, incluso antes de estar cerca del límite absoluto de fábrica.
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La estrategia de Intel parece clara. Ante los elevados consumos eléctricos y temperaturas de las arquitecturas modernas de alto rendimiento, la compañía busca forzar a los usuarios a utilizar soluciones de refrigeración líquida o sistemas de aire de gama muy alta. Mantener los procesadores bajo control de las temperaturas ya no será solo una cuestión de evitar pérdidas de rendimiento por sobrecalentamiento extremo, sino una condición indispensable para permitir que los núcleos alcancen todo su potencial con relojes sostenidos.
Con un lanzamiento previsto tentativamente para principios de 2027, la serie Nova Lake-S promete mejoras significativas en rendimiento bruto y eficiencia por núcleo, pero tal parece que serán a costa de ser más calientes que nunca. Veremos en qué queda esto. Os mantendremos informados.
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