La GeForce RTX 5090, que debutó con un precio de venta oficial de 2.000 dólares, se ha vuelto imposible de conseguir a un costo razonable. En Estados Unidos ya roza los 5.000 dólares en varios distribuidores, mientras que en Europa ha superado cómodamente la barrera de los €5.200. ¿La razón? Una historia conocida con un nuevo protagonista.
Hace unos años vivimos la fiebre de la minería de criptomonedas, donde las granjas vaciaban el stock de tarjetas gráficas antes de que llegaran a los estantes de las tiendas. Hoy la historia se repite casi calcada, pero el culpable es la inteligencia artificial.
Fotografías y reportes recientes de ensambladores en Asia muestran un panorama desalentador para los jugadores de PC. Decenas de cajas de RTX 5090 recién salidas de fábrica se acumulan en palés completos dentro de instalaciones dedicadas al montaje de servidores de IA. No hablamos de aceleradoras empresariales como la serie RTX PRO o las tarjetas de centros de datos, sino de la misma RTX 5090 pensada y orientada para gamers.
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Las firmas de tecnología prefieren adquirir estas tarjetas gráficas por volumen e instalarlas en chasis con múltiples GPUs para entrenar modelos o procesar algoritmos. Esto les resulta más accesible y rápido que competir por el suministro de aceleradoras profesionales.
Por el momento, no hay indicios de que Nvidia vaya a tomar medidas, como restringir el rendimiento de IA por software o aplicar un control estricto a las ventas al por mayor que realizan sus distribuidores. Con la demanda pagando prácticamente cualquier sobreprecio sin pestañear, la RTX 5090 ha dejado de ser en la práctica una tarjeta gráfica de videojuegos para convertirse en el nuevo motor comercial para la IA. La historia se repite, una vez más.
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