Microsoft ha reconocido de forma bastante explícita que el Explorador de archivos de Windows 11 sigue arrastrando problemas de rendimiento y que la precarga en segundo plano no es la solución completa. La aclaración llegó después de que varios usuarios criticaran en X que la mejora en el arranque del Explorador se estuviera apoyando en un enfoque considerado por muchos como un parche poco elegante: cargar parte de la aplicación en memoria antes de que el usuario la abra.
La crítica no sale de la nada. La precarga consigue que el Explorador aparezca más rápido al pulsarlo, pero no corrige por sí sola la pesadez que sigue notándose al navegar carpetas, cargar miniaturas o abrir menús contextuales. Además, supone un pequeño consumo adicional de memoria, en torno a 35 MB de RAM según pruebas recientes. Para equipos actuales no parece grave, pero sí alimenta la sensación de que Microsoft estaba priorizando el truco visual sobre la optimización de fondo.
Tali Roth, responsable de producto de Windows Shell, respondió que el enfoque de Microsoft es un “y”, no un “o”. Dicho de otro modo, la compañía está usando precarga en los puntos de acceso más frecuentes, pero al mismo tiempo trabaja en cambios estructurales dentro del propio explorador Entre esas tareas menciona optimización del orden de carga, eliminación de bloat y animaciones innecesarias, y correcciones profundas para reducir lecturas de disco innecesarias y bloqueos.
Esa explicación encaja con el giro más amplio que Microsoft viene intentando vender para 2026: menos artificio y más base. Y tiene sentido, porque el problema del Explorador no es solo de tiempo de apertura, sino de arquitectura. Windows 11 sigue apoyando esta pieza crítica en una mezcla incómoda entre legado Win32 y capas modernas como XAML o WinUI 3, una combinación que ha terminado penalizando tanto la sensación de agilidad como la consistencia visual.
Lo interesante aquí es que Microsoft no ha defendido la precarga como solución definitiva, sino como una ayuda puntual mientras avanza en cambios más serios. Eso no elimina las críticas, pero sí confirma algo importante: dentro de la compañía ya parecen asumir que el problema del Explorador va mucho más allá del arranque y que requiere cirugía en el código, no solo maquillaje.
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En Microsoft son conscientes de que un pequeño truco de precarga bastaba para arreglar el Explorador. Ahora falta comprobar si esa combinación de parches inmediatos y trabajo de fondo se traduce, por fin, en un Explorador realmente más ligero.
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