La voracidad de la inteligencia artificial no conoce límites y ya ha saltado de las tarjetas gráficas al corazón de los centros de datos. Según informes recientes de la firma financiera KeyBanc, tanto AMD como Intel se encuentran en una situación comercial envidiable, pero compleja: han vendido prácticamente todo su inventario de CPU para servidores previsto para lo que queda de año. Las estanterías están vacías.
Ante este escenario de escasez y demanda desbordada, la ley del mercado se impone. Se espera que ambos fabricantes apliquen un aumento de precios de hasta el 15% en sus procesadores para intentar equilibrar la cadena de suministro. Los responsables de haber drenado el stock son los denominados hyperscalers, es decir, las grandes nubes como Amazon, Google o Microsoft, que han iniciado un ciclo de actualización masiva de su hardware para no quedarse atrás en la carrera tecnológica.
Estas grandes compañías no están comprando silicio antiguo. El objetivo es sustituir infraestructuras heredadas por las arquitecturas más eficientes y potentes del momento: los procesadores AMD EPYC Turin de quinta generación y los nuevos Intel Xeon Granite Rapids. Las proyecciones estiman que los envíos de CPUs de servidor crecerán un impresionante 25% este año, impulsados por la necesidad de integrar la IA en cada rincón del rack.
Para Intel, este auge supone un balón de oxígeno vital. Mientras su división de aceleradores de IA lucha por ganar tracción, el negocio de CPUs clásicas le permite mantener su relevancia ante los grandes clientes. AMD, por su parte, sigue pisando el acelerador y ya mira hacia la segunda mitad de 2026, fecha en la que planea sacudir de nuevo el mercado con sus chips EPYC ‘Venice’ fabricados en litografía de 2 nanómetros.
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