Smartphone

La economía frena la renovación tecnológica: en Estados Unidos se aguante el mismo móvil 29 meses

El panorama no parece que vaya a mejorar debido al aumento de costes en componentes clave, alargando aún más la renovación tecnológica

La tensión económica actual está obligando a usuarios y empresas americanas a replantearse sus ciclos de actualización tecnológica. Un reciente análisis del mercado estadounidense revela una brecha cada vez mayor entre las aspiraciones de los consumidores y su realidad financiera: aunque la intención media es cambiar de teléfono móvil cada 16 meses, la realidad es que los dispositivos se estiran hasta alcanzar una vida útil de 29 meses.

El precio se ha convertido en la barrera infranqueable. Según datos de encuestas recientes, el gasto medio que los usuarios asumen para un nuevo terminal es de 634 dólares, una cifra que queda muy lejos de los precios de salida de los modelos insignia actuales, como las versiones Pro del iPhone. Esto ha provocado que terminales con varios años de antigüedad, como el iPhone 13 o el Samsung Galaxy S9, sigan siendo extremadamente populares. Cuando finalmente se produce la renovación, el motivo principal suele ser el deterioro de la batería o la lentitud del sistema, y no el interés por nuevas funciones o cámaras avanzadas.

La ausencia de renovación tecnológica afecta a la productividad

Este estancamiento en la renovación del hardware tiene consecuencias directas en el entorno corporativo. Según expertos consultados por la CNBC, el uso de equipos anticuados está generando una brecha de productividad. Un estudio de la firma Diversified señala que el 24% de los empleados ha tenido que realizar horas extra para solucionar problemas derivados de tecnología obsoleta, mientras que un 88% afirma que estos equipos limitan la innovación.

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El panorama no parece que vaya a mejorar a corto plazo debido al aumento de costes en componentes clave. El auge de la inteligencia artificial ha disparado la demanda y el precio de las memorias RAM, lo que encarece el producto final. Ante esta situación, voces de la industria como Cassandra Cummings, CEO de Thomas Instrumentation, sugieren un cambio de paradigma: apostar por la reparabilidad y la modularidad. En lugar de forzar actualizaciones completas del sistema, permitir la sustitución de piezas específicas y mantener el soporte de software podría ser la única vía sostenible para evitar que la obsolescencia técnica frene la economía.

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