El segmento más exclusivo de la telefonía móvil se enfrenta a un cambio de estrategia comercial. Según ha revelado el filtrador Yogesh Brar a través de la red X, Xiaomi ha decidido cancelar definitivamente el desarrollo de su modelo 18 Ultra. Por si fuera poco, fabricantes como OPPO y Vivo han optado por no lanzar las próximas generaciones de sus buques insignia en el mercado global. Esta decisión deja al Samsung Galaxy Ultra como la principal alternativa de gama superalta disponible de forma internacional en el ecosistema Android.
Según la misma información, la retirada de estas versiones en los mercados occidentales dará paso a una nueva oleada de terminales bajo la denominación Pro Max. Las marcas chinas buscan reestructurar su catálogo para concentrar sus tecnologías de fotografía y rendimiento en dispositivos con un coste de producción más controlado. De este modo, los modelos más avanzados de su catálogo pasarán a comercializarse de forma exclusiva en sus países de origen.
Esta tendencia responde a la presión que sufren los fabricantes. El coste de producción de los dispositivos de gama alta se ha visto afectado de forma directa por la alta demanda de componentes dedicados a la IA. La saturación de las líneas de fabricación de semiconductores para centros de datos ha reducido la disponibilidad de memoria convencional para productos de consumo. En esta cruzada, incluso hemos visto caer marcas tan míticas como Crucial.
Pero, ojo, porque esta escasez de componentes no solo impacta en los teléfonos móviles. Recientemente conocimos otro de sus efectos. Y es que el auge de la IA está encareciendo los coches de General Motors y BYD debido al sobreprecio de las memorias RAM y el almacenamiento. La necesidad de equipar chips de mayor capacidad para mover modelos de inteligencia artificial en local genera un incremento de costes que las marcas prefieren no trasladar íntegramente al precio final de sus teléfonos en Europa y América.
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En este escenario tan complejo, solo Apple y Samsung parecen dispuestas a asumir el riesgo de mantener dispositivos por encima de la barrera de los 1.400 euros a nivel global. El encarecimiento generalizado de la memoria y los procesadores obliga al resto de los competidores a replegar sus proyectos más ambiciosos para centrar sus ventas en gamas con mayor volumen de comercialización. Y, por ahora, es complicado saber hasta cuándo durará la situación.
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