Microsoft ha confirmado de forma indirecta la llegada general de Low Latency Profile a Windows 11. La función ya está presente en el canal Release Preview, que suele ser la última parada antes del despliegue masivo. Eso sitúa su estreno público en junio de 2026. Aunque la compañía no ha usado ese nombre en las notas oficiales, la descripción encaja con lo que ya se había visto en pruebas previas.
En el registro de cambios del build 26200.8514, Microsoft indica que la actualización mejora el lanzamiento de apps y la respuesta de experiencias clave como el menú Inicio, la búsqueda y el Centro de actividades. Eso coincide con el comportamiento del nuevo perfil de baja latencia, que empuja durante unos segundos la frecuencia de la CPU al abrir tareas prioritarias y luego devuelve el procesador a un estado de menor consumo. La idea es reducir ese pequeño retraso entre el clic del usuario y la respuesta visible del sistema.
La función ya había generado bastante debate en las últimas semanas. Parte de la crítica la veía como un parche poco elegante, pero Microsoft respondió que este tipo de aceleración puntual no es ninguna rareza en sistemas modernos. De hecho, en la defensa de Microsoft del nuevo modo Low Latency de Windows 11 ya quedaba claro que macOS y Linux aplican estrategias parecidas. Antes, además, las primeras pruebas del nuevo modo habían mostrado picos de CPU y una mejora real en equipos modestos.
La confirmación de la fecha importa todavía más por el contexto. Microsoft no quiere vender esta mejora como un simple truco de fuerza bruta. En paralelo, la compañía ha explicado cambios profundos en WinUI 3 para reducir consumo de memoria, llamadas de función y tiempo de ejecución dentro de la propia capa de interfaz. La tesis de Redmond es que el sistema será más rápido por dos vías al mismo tiempo: mejor software nativo y una gestión más agresiva de la CPU cuando haga falta respuesta inmediata.
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Esa combinación puede ser especialmente útil en portátiles básicos y equipos ajustados. No cabe duda de que la llegada del MacBook Neo ha hecho despertar a Microsoft. En hardware más potente la diferencia puede parecer menor, pero en configuraciones con pocos recursos cualquier reducción de latencia percibida se nota mucho más. Lo que está claro es que Windows 11 arrastra desde hace tiempo una reputación de pesadez que Microsoft necesita corregir no solo en benchmarks, sino también en el uso real.
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