Microsoft ha empezado a desplegar una nueva versión de Copilot para Windows 11 que deja atrás la aplicación nativa basada en WinUI y adopta una arquitectura híbrida construida alrededor de tecnologías web. La actualización ya puede encontrarse en Microsoft Store bajo una nueva ficha de descarga y, tras instalarse, sustituye automáticamente a la versión anterior del asistente.
Lo más llamativo del cambio es que esta nueva app no se limita a usar WebView2 como contenedor ligero, sino que incluye una copia completa de Microsoft Edge dentro del paquete. En la instalación aparecen archivos propios del navegador, como msedge.exe, msedge.dll y distintos componentes multimedia, de seguridad y renderizado, lo que confirma que Copilot llega acompañado de su propio motor Chromium en lugar de apoyarse solo en la integración ya presente en Windows 11.
En funcionamiento, la aplicación se parece mucho a la versión web de Copilot y ofrece una sensación de uso bastante fluida. Sin embargo, esa mejora tiene un coste. Según las pruebas publicadas, Copilot puede consumir hasta 500 MB de RAM en segundo plano y acercarse a 1 GB cuando el usuario empieza a interactuar con él. La app nativa anterior, en cambio, se mantenía por debajo de los 100 MB en muchos escenarios.
Ese aumento encaja con la estructura interna del nuevo cliente. Además del paquete completo de Edge, la aplicación también incluye un runtime WebView2 integrado y un lanzador propio, lo que la convierte en una solución híbrida bastante más pesada que una PWA tradicional. En otras palabras, Microsoft ha apostado por una experiencia visual más consistente con la web, pero sacrificando eficiencia en un sistema que ya arrastra demasiadas capas de software poco optimizado.
Después de analizar la situación, me parece lamentable lo que está pasando con el software en Windows. Mientras en macOS muchos desarrolladores siguen esforzándose por crear apps nativas y bien integradas en el sistema, en Windows cada vez es más habitual encontrarse con contenedores web disfrazados de aplicación de escritorio. El ejemplo de ChatGPT es bastante claro: en Mac cuenta con una app adaptada al sistema, mientras que en Windows la experiencia sigue mucho más cerca de un envoltorio web.
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Lo más grave es que el problema no es solo de los desarrolladores. Microsoft está perdiendo la carrera del software de calidad y bien integrado porque ni siquiera respalda de forma coherente sus propias iniciativas. Hoy apuesta por WinUI, mañana por WebView y pasado por otra capa distinta. Al final, Windows corre el riesgo de convertirse en un simple cliente de apps web, una plataforma enorme en cuota y compatibilidad, pero cada vez menos distinguible por la calidad de su software de escritorio.
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